En la pequeña localidad de Herrán, al norte de la provincia de Burgos, se esconde un tesoro medieval. La majestuosa torre que preside un pueblo que ya albergaba asentamientos en la Edad de Hierro, ha sido restaurada para dar vida a una posada que rezuma historia.

Adentrarse en una de sus siete estancias es hacerlo en un lugar que sin perder su encanto, ya que se conserva la arquitectura original, ofrece todo el lujo y comodidad de un establecimiento de cuatro estrellas donde respeto, confort y calidez son las señas de identidad. Pero sin duda la joya que hace única a la Torre de los Templarios son sus pinturas, un conjunto de frescos compuesto por seis imágenes de un estilo gótico tardío.

En un entorno natural incomparable y que ofrece multitud de posibilidades, la posada no solo es un lugar idílico para una escapada romántica sino que además supone una apuesta por combatir la despoblación rural. La atracción turística y generación de emplo directo que supone este emblemático rincón representa un impulso para reactivar la zona, unido a la apertura de un restaurante en el que se sirve cocina tradicional con un toque personal, otro reclamo para atraer visitantes y ayudar a fijar población en Herrán, incomparable paraje enclavado en el Valle de Tobalina.

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